martes, 2 de julio de 2019

EL REY SOL

MITOLOGÍA Y COSMOVISIÓN DEL SOL 
En un principio, todas las culturas que han poblado la tierra han adorado al dios sol; la luz y el calor del día que cuida de hombres y mujeres, que permite a las plantas y animales crecer. Aquello que sustenta la vida.
Aunque el humano fuera capaz de hacer fuego, jamás sería capaz de generar tanta luz como el sol. Como objeto divino, el sol ha sido representado de diversas formas, estando presente en todos los mitos de la creación del mundo y los hombres.
Asimismo, un lugar preponderante tienen la luna y las estrellas, interpretándose su lugar en el cielo, y sobre todo las fases lunares y solares (estaciones del año). En cada cosmovisión tanto la luna, el sol y las estrellas poseen importantes roles en la creación del hombre y la mujer.
El hecho que muchas religiones y culturas de diversas partes del mundo coincidan en la representación de lo divino a través de la luz (ya sea fuego, sol, luna o estrellas), tiene que ver precisamente con la importancia que poseía para los antiguos humanos el observar el firmamento, o bien, el sol y la luna en las alturas, de día o de noche. Por ende, no es de extrañar también que determinados lugares en el cielo o fechas en el año signifiquen cosas parecidas para todas las culturas del mundo.
Para poder explicar su propia existencia, a través de la tradición oral, los hombres han sabido contar historias sobre la creación, los mitos. La abundancia de mitología existente sobre la creación del mundo es tan amplia, extensa y variada como pueblos conocidos como los Incas, los Maya y los Mapuche por nombrar algunos.
La representación del tiempo y las estaciones que se grafian en las culturas antiguas a través de un disco o calendario circular, tiene que ver con la consciencia que tenían sobre los ciclos de la tierra, del tiempo, del sol, la luna y las estrellas. Toda su cosmovisión, su forma de entender el universo, se basaba en la luz que eran capaces de percibir, tanto de noche, como de día, a lo largo del tiempo.
Tras varios siglos de observar el cielo, fueron capaces de hilar los eventos cósmicos que presenciaban y instaurar creencias religiosas y sociales gracias a ello. Era la luz la que dictaba a los humanos qué, cómo y cuándo hacer las cosas, y no al revés.
No es de extrañar que, al encontrarse con los conquistadores, el choque cultural fuera catastrófico; en la cosmovisión cristiana –que traían los conquistadores- la luz sólo posee valor como guía del camino de los hombres hacia Cristo.
Mientras en las culturas precolombinas la luz representaba en sí misma una divinidad, o bien, divinidades o antepasados, en la cultura cristiana que se impuso no existe tal. Para el cristianismo la luz sólo representa “lo bueno”, aquello que se contrapone a la oscuridad, “lo malo”. Es una de las relaciones semánticas más antiguas del mundo y se relaciona básicamente con la seguridad que trae el sol durante el día, para que los humanos puedan vivir tranquilamente, sin miedo a los misterios de la noche.
Entonces, no es de extrañar que los cristianos, al enfrentarse a las culturas precolombinas, fueran incapaces de comprender (salvo contadas excepciones) los designios del sol, la luna y las estrellas que tan importantes resultaban para las culturas que destruían.
 A continuación comparto con uds. leyendas de distintas culturas : 

LEYENDA ANÓNIMA DEL SOL Y LA LUNA
Mucho antes de que el Universo decidiera crear el mundo, Sol –un apuesto joven de melena dorada que montaba un brioso caballo– observó a lo lejos a una bellísima y misteriosa mujer llamada Luna, de piel blanca y hermosa cabellera negra, quedando inmediatamente enamorado de una forma tan ardiente, como solamente puede ser capaz de sentir un astro hecho de fuego como él lo era.
Cuando se acercó, vió que ella y solamente ella era capaz de reflejar su luz de una forma que la volvía fría y serena al mismo tiempo y, que asimismo, podía reflejarse en ella como nunca había conseguido hacerlo con nadie que conociera.

Su amor era puro e infinito.
Un día, el Universo los llamó a su presencia. Les informó que estaba creando el mundo y que les había asignado funciones muy importantes que estaba seguro cumplirían sin problema. Primero, les dio luz propia.
–Tú, Sol –dijo el Universo–, todos los días te levantarás muy temprano para dar calor a los hombres, hacer crecer las cosechas y alumbrar todo alrededor. Tu reino será el día, los hombres te rendirán culto y serán felices bajo tu energía.
De pronto el Universo volteó a la Luna y le dijo…
–A ti, mi querida y hermosa Luna, te nombraré reina de la noche. Alumbrarás a los viajeros y marcarás el ciclo de las aguas, inspirarás a los enamorados y serás protagonista de miles de poemas.

Con lágrimas los dos porque no podrían estar juntos, se fueron a cumplir sus funciones. La Luna, a causa de su tristeza, algunas noches se negaba a alumbrar. Otras, alumbraba solamente un poco; pero cuando estaba muy feliz, alumbraba el cielo como si estuviera preñada por el amor del mismo Sol.
Al ver esto, el Sol se acercó al Universo pidiéndole que tuviera piedad de su frágil amada. Al escucharlo, el Universo que siempre había sido muy sabio y compasivo, llenó el cielo de estrellas para que le hicieran compañía a la Luna. A cambio le pidió que se mantuviera llena todas las noches, ya que así su belleza deslumbraría mucho más. Pero la Luna, fiel a sí misma y rebelde como era, se negó completamente, sólo se mostraría tal y cómo se sintiera: su aspecto sería el reflejo de sus emociones.
Aún así, por el amor que el Sol y la Luna se tenían, no podrían separarse por completo. Así que nacieron los eclipses. Sabían plenamente que eran almas gemelas y, por su ardiente deseo, de vez en cuando el Sol se escapa a ver a la Luna –o viceversa–, fundiéndose en un momento de amor puro, intenso y pasional.

LA LEYENDA DEL SOL Y LA LUNA EN LOS ESQUIMALES
La mitología inuit o mitología de los esquimales cuenta que en el pasado existía una familia que tenía dos hijos, una hija y un hijo. Ella era poseedora de una enorme belleza, a tal punto que su hermano se enamoró de ella, hasta que un día él decidió confesarle su amor. Ella consideró la declaración de su hermano como algo impuro y rechazó la declaración de amor de su hermano. Éste, contrariado por el desaire por parte de su hermana, comenzó a perseguirla y acosarla, hasta que ella decidió huir y se transformó en la luna. El hermano fue tras ella, transformándose en el sol y desde allí comenzó una interminable persecución. La leyenda del sol y la luna de la cultura inuit dice que cada eclipse es el momento en que el hermano logra atrapar a su hermana, pero sólo por unos instantes y nuevamente la persecución empieza.

LEYENDA MAYA
Mucho antes de que hubiera luz en el mundo, los dioses decidieron reunirse en Teotihuacan. Uno de ellos dijo:
– Habrá que buscar la forma de alumbrar el mundo. ¿Quién se hace cargo?
Y respondió Tecuciztécatl:
– ¡Yo mismo!
– Muy bien, pero necesitaremos a alguien más… ¿algún voluntario?
Y como nadie levantaba la mano, el mismo que preguntaba dijo a uno de los dioses que estaba cubierto de llagas en el cuerpo y apenas hablaba:
– Tú lo harás.
Y él obedecio.
Todos los dioses comenzaron a hacer penitencia y a entregar ofrendas a Tecuciztécatl, pero, mientras que la mayoría de ellos le llevaba ricas ofrendas, el dios de las llagas, que se llamaba Nanahuatzin, entregaba cañas verdes, bolas de heno… y hasta costras de sus heridas.
Después, a Tecuciztécatl le entregaron un plumaje y un lienzo, y a Nanahuatzin, un tocado y una vestimenta de papel.
Hicieron después un fuego grande, y tras cuatro días ardiendo, los dioses dijeron a Tecuciztécatl:
– Venga, entra en el fuego.
Y él lo intentó, pero cada vez que se acercaba, al notar el intenso calor del fuego, se echaba hacia atrás, muerto de miedo. Después de muchos intentos, dijeron a Nanahuatzin:
– Entra tú.
Y él entró sin dudar. Empezó a arder, y entonces Tecuciztécatl, avergonzado por su cobardía, también entró.
Qué pasó tras ese ritual del fuego
Al cabo de unos instantes, los dioses buscaron en el cielo el lugar por donde saldría Nanahuatzin. Y de pronto una luz rosada comenzó a invadir el cielo. Y enseguida vieron aparecer en el horizonte una enorme bola de fuego. Primero era roja, después anaranjada, y poco a poco tornaba amarilla. Pero era tan intensa, que no podían mirarla directamente. Y al instante salió la luna, igual de resplandeciente que el sol. Era Tecuciztécatl.
Entonces, uno de los dioses, pensativo, dijo:
– No deben salir al mismo tiempo, ni ser igual de intensos…
Y diciendo esto, uno de los dioses agarró un conejo y le dio en la cara a Tecuciztécatl . Y una de sus zonas se ensombreció.
Dicen que el viento después, hizo moverse al sol, separándolos así, de tal forma, que el sol alumbraría durante el día y la luna, durante la noche.

LOS GUARANIES
Cuando Tupá hizo la primera pareja, la dejó sobre la Tierra, donde preparó el hombre la tierra y la mujer sembró maíz con el que habían de comer. Un día el hombre se alejó y la mujer, inspirada por el hijo que llevaba en su vientre, lo siguió a través de la selva, donde un yaguareté hambriento la mató, pero de su vientre alcanzaron a nacer dos mellizos llamados Erekeí y Erevuí. Criáronse entre las fieras hasta que ya hombres, se les apareció un día Añá, el diablo, quien los llevó a su choza donde vivía una hermosa joven hija de Añá. Los tres huyeron dejando al diablo con sus maquinaciones. Tupá les llamaba con voz más fuerte. Cuando le encontraron, representado por un anciano bondadoso, les preguntó cuáles eran sus deseos. -Yo -dijo Erekeí- quiero la luz.Tú serás el Sol, le respondió el Dios. - Yo -agregó Erevú- amo la luz en las sombras.Tú -replicó de nuevo Tupá- serás la Luna. Y así fueron creados estos dos astros, a los que los guaraníes -especialmente al Sol- saludan solemnemente desde el comienzo de los siglos. Para los guaraní los principales cuerpos celestes que se observan a simple vista nacieron de una forma muy particular, así por ejemplo Kuarahy (el Sol) es producto de la unión entre Ñamandu (dios, nuestro padre) y Ñande Sy (nuestra madre), quien muere durante el parto de Kuarahy. Bajo el influjo energético de Kuarahy sobre los huesos de su madre, nace Jasy (la Luna), por eso es que a medida que se acerca la fecha de la muerte de Ñande Sy, Jasy va perdiendo fuerza (Luna en menguante) hasta desaparecer y volver a aparecer en el resplandor solar (Luna nueva) rememorando así su nacimiento. 

LEYENDA PATAGONICA “Creación de la luna”
Kooch ya había creado al sol para iluminar el día y dar calor a la existencia, pero durante el descanso de éste, Tons, la oscuridad daba libertad a sus hijos, los malos espíritus que prodigaban los males por doquier y los gigantes Hol-Gok asomados por los ojos de las maderas viejas, por los huecos de las rocas y desde lo profundo de las cavernas, acechaban a los indios para prodigarles sus males, enfermedades y desgracias, entonces Kooch crea a la luna, llamándola Keenyenkon para que ilumine a la tierra y aleje con su lumbre a los malos espíritus.
Las nubes que divagaban por el cielo, fueron presurosas a contarle al sol la buena nueva y tanto le hablaron de la pálida dama nocturna que decidió conocerla y una mañana quebró con sus rayos el horizonte antes de lo acostumbrado, por su parte Keenyenkon tampoco pudo resistir el embrujo del rubio madrugador y lo acompañó a través del azul del cielo hasta perderse en el horizonte quebrado de los Andes en un rojo atardecer. 

LEYENDA ONA DEL SOL Y LA LUNA
Hace mucho tiempo , el sol y la luna vivian en la tierra de los Onas.En ese entonces las mujeres dominaban a los varones y eran ellos los que hacian todas las tareas del hogar. En determinadas ocaciones, las mujeres se reunían en un amplio toldo para llevar a cabo una ceremonia secreta . Durante el rito, las participantes se reunían alrededor del fuego y se disfrazaban: se pintaban el cuerpo con arcilla roja y blanca y se cubrían de plumas. Los hombres, mientras tanto, escuchaban los gritos y no se atrevían a acercarse por miedo a contrariar a los espíritus convocados. Pero un día tres hombres decidieron espiarlas. Se fueron acercando con sigilo, mirando atentamente a su alrededor y ocultándose. Al llegar junto al toldo y ver por entre las junturas de los cueros se dieron cuenta de la gran verdad: los temidos espíritus no eran más que sus propias mujeres, a quienes reconocieron una por una. Esto enfuereció a los hombres, y se desató una terrible pelea,donde todos juntos se lanzaron contra las mujeres y las golpearon hasta matarlas. Krren (el sol) enceguesido le dio fuertes golpes en la cara a la luna. Después de la derrota, Krah (la luna), desesperada de dolor y humillación, se sumergió en el mar, nadó hasta el horizonte y desde allí subió al cielo, que sería desde entonces su nueva morada. Estaba furiosa con Krren, con los hombres y con todos los espíritus masculinos, pero también se sentía ufana de ser la única que había salvado la vida. El Sol fue tras ella, burlándose de su cara manchada por los moretones y las quemaduras, pero no pudo ni podrá alcanzarla jamás. La gran persecución se repite todos los meses. Krah asoma poco a poco su rostro dolorido y se muestra por completo, clara y redonda, pero cuando divisa a Krren y comprende que él sigue dispuesto a maltratarla, comienza a esconderse hasta desaparecer. 

MITOLOGÍA NÓRDICA: EL SOL Y LA LUNA. LA NOCHE Y EL DÍA
A poco que hablemos de mitología nos daremos cuenta que la dualidad es uno de esos conceptos arraigadísimos en la idiosincrasia vikinga. La dualidad y los antagonismos. Blanco y negro, arriba y abajo, muchos conceptos se presentan de dos en dos en el ideario escandinavo. Y un magnífico ejemplo de ello nos lo proporciona la mitología nórdica.
Hoy os voy a contar muy por encima –una especie de cápsula mitológica rápida– cómo entendían los vikingos el paso del día a la noche, a través de la mitología y con algunas fotos.
Para los vikingos, las personificaciones en forma de deidad del día y la noche viajaban por el cielo en carros tirados por unos caballos llamados Skinfaxi y Hrímfaxi. Hrímfaxi, cuyo nombre significa “crines de escarcha”, tiraba del carro de Nótt (Noche) y Skinfaxi, cuyo significado es “crines brillantes”, tiraba del carro de Darg (Día).)
Más parejas de caballos famosas en la mitología nórdica son Arvak y Alsvid, traducidos por “madrugador” y “muy veloz” respectivamente. Éstos eran los que tiraban del carro de la diosa Sól, quien cabalgaba todos los días a través de los cielos en su carro; la melena de sus caballos emitía la luz, y la suya propia el calor del día.
Sin embargo, mientras surcaba los cielos Sól era perseguida y, finalmente, cazada por el lobo Sköll y era reemplazada por su hermano Máni, el dios luna, quien de igual forma era perseguido y, finalmente, cazado por el lobo Hati, siendo  reemplazado de nuevo por su hermana Sól.
De este modo los vikingos comprendían y entendían un fenómeno que no podían explicar por otros medios, el del paso de los días y las noches, el turnarse del sol y la luna en los cielos, que se repartían Sköll y Sól, Hati y Máni
Una curiosidad que se desprende de los conceptos Sol y Luna es que, para los nórdicos, su género era distinto; Sol es femenino y Luna masculino.

LA LEYENDA JAPONESA DEL SOL Y LA LUNA
La mitología japonesa es rica y amplia. Rica, porque contiene un sinfín de historias diferentes sobre seres que van desde inalcanzables dioses hasta simples espíritus en forma de gato o globo. Amplia, porque se basa tanto en el budismo como en el sintoísmo o la religión popular de los campesinos. Muchas de sus leyendas son absolutamente terroríficas, pero otras tienen una gran belleza y servían en la antigüedad para explicar muchos acontecimientos que escapaban de la comprensión humana. Acompáñanos a conocer la leyenda japonesa del sol y la luna que explica por qué no se encuentran jamás.
La leyenda japonesa del sol y la luna
Para adentrarnos dentro de esta leyenda con conocimiento de causa, debemos entender a grandes rasgos cómo funcionaba la mitología japonesa. Los Kotoamatsukami fueron las primeras deidades surgidas en el momento de la creación del universo. Tras estas vinieron las siete generaciones de dioses de la «Era de los dioses». La última generación, la séptima, la formaron una pareja, un dios y una diosa llamados Izanagi no Mikoto e Izanami no Mikoto, cuyos nombres traducidos significan «hombre impetuoso» y «mujer impetuosa». Ellos serían los que crearían el archipiélago de Japón y también lospadres de otros dioses.
Izanami murió de parto y Izanagi mató a la criatura. Por su acción bajó al inframundoy después de intentar infructuosamente rescatar a su esposa, regresó a la tierra de los vivos. Necesitó una purificación y se acercó al agua para lavarse. Al quitarse la ropa y todo lo que llevaba encima, de cada objeto surgió un dios nuevo y cuando se lavó la cara, ya fue el apoteosis. De su ojo izquierdo se formó Amaterasu que es la encarnación del sol, del derecho Tsukuyomi, de la luna y de su nariz salió Susanoo, el dios de las tormentas. Entre ellos dividió el mundo: a Amaterasu le dio el cielo, a Tsukuyomi la noche y la luna y a Susanoo le entregó los mares.

Tsukuyomi y Amaterasu son los protagonistas de esta leyenda:
Amaterasu vivía en el cielo y Tsukuyomi subió a través de la escalera celestial y se quedó a vivir con ella. En una ocasión, la diosa envió a su hermano a presentar sus respetos a Uke Mochi, la diosa creadora de la fauna y la flora y de todo aquello que es comestible. Uke Mochi preparó una fiesta en su honor y empezó a expulsar una excelente comida de su nariz y su boca. Tsukuyomi se sintió asqueado y ofendido y la mató. Amaterasu, al enterarse se enfadó tanto que prometió no volver a ver a su hermano. Este es el motivo por el que el sol y la luna nunca se encuentran y alternan su presencia en el cielo.

Este trágico asesinato, según la mitología japonesa, fue muy beneficioso para los seres humanos, ya que Uke Mochi, una vez difunta no dejó de producir alimentos a destajo. De sus orejas brotó mijo, de sus ojos salió el arroz, de la nariz las judías secas, de su recto la soja, de sus genitales el trigo y de sus cejas los gusanos de seda. Todos estos elementos recogidos y cultivados representaban la vida y la riqueza para los hombres.

LEYENDA AFRICANA-la casa del sol y de la luna

Cuenta la leyenda que hace miles de años el Sol y la Luna se llevaban tan bien, que un día tomaron la decisión de vivir juntos. Construyeron una casa espaciosa, bonita y muy cómoda, e iniciaron una tranquila vida en común.
Un día, el Sol invitó a su amigo el Océano que los conocía desde el principio de los tiempos . El Océano se lo agradeció pero rechazo su pedido porque temía por su tamaño. Aun asi lo convencieron y el Océano se presentó a la hora acordada en casa de sus buenos amigos.
El Sol y la luna abrieron la puerta de par en par y el Océano comenzó a invadir la entrada. En pocos segundos, había inundado la mitad de la casa. El Sol y la Luna tuvieron que elevarse hacia lo alto, pues el agua les alcanzó a la altura de la cintura.
El Océano siguió fluyendo y fluyendo hacia adentro. La casa era gigantesca, pero el Océano lo era mucho más. En poco tiempo, el agua comenzó a salir por puertas y ventanas, al tiempo que alcanzaba la claraboya del tejado.
El Océano, por fin, pasó por completo. La casa se llenó de tanta agua, que el Sol y la Luna se vieron obligados a subir todavía más para no ahogarse. Sin darse apenas cuenta, llegaron hasta cielo.
La casa fue engullida por el Océano y no quedó ni rastro de ella. Desde el firmamento, gritaron a su buen amigo que le regalaban el inmenso terreno que había ocupado. Ellos, por su parte, habían descubierto que el cielo era un lugar muy interesante porque había muchos planetas y estrellas con quienes tenían bastantes cosas en común. De mutuo acuerdo, decidieron quedarse a vivir allí arriba para siempre.
Desde ese día, el Océano ocupa una gran parte de nuestro planeta y el Sol y la Luna lo vigilan todo desde el cielo.

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